Del azúcar al alcohol: los protagonistas
La fermentación alcohólica es el proceso mediante el cual las levaduras consumen los azúcares naturales (glucosa y fructosa) del mosto de uva y los transforman en alcohol etílico y dióxido de carbono. Al mismo tiempo, se libera calor y se sintetizan cientos de compuestos aromáticos secundarios: ésteres, alcoholes superiores y ácidos. Son precisamente estos subproductos de la actividad de las levaduras los que forman el buqué que luego evaluamos en la copa.
El elaborador puede confiar este proceso a dos grupos distintos de microorganismos. El primero son las levaduras silvestres (o microflora espontánea), que llegan a la bodega directamente desde la piel de la uva y el equipamiento. El segundo son las levaduras cultivadas (seleccionadas), aisladas en laboratorios y conservadas para un control preciso de la fermentación. La elección entre estos enfoques divide a los elaboradores entre los defensores de la mínima intervención clásica y los partidarios de la precisión tecnológica.